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lunes, 31 de marzo de 2014

Imaginación y sueños






Imaginación: es un proceso de manipulación de la información efectuada intrínsecamente con el objeto de crear una representación percibida por los sentidos de la mente. Se realiza en ausencia de estímulos exteriores, la imaginación permite ver un objeto visto previamente pero que ya no está presente, afecta a la visión de otras áreas sensoriales. La imaginación es un proceso más abstracto que la percepción, ya que no necesita el objeto presente en la realidad y en el instante, por tanto se sirve de la memoria para manipular la información y relacionar la o transformarla como otras formas. La imaginación toma elementos que han sido percibidos previamente y los modela o transforma en nuevos estímulos y realidades.



La imaginación (del latín imago, imagen, visión, de imitari, imitar) es la capacidad de construir imágenes mentales a partir de, y en relación mediata con, las percepciones, si se trata de la imaginación reproductora, o simplemente capacidad de crear libremente imágenes relacionadas con la sensibilidad, si se trata de la imaginación creadora. A esta última se la llama también «fantasía».
Una imagen es la reproducción mental de una cosa en ausencia de la misma. Supone por ello una experiencia sensible previa. La imagen es el acto, o el producto, de la imaginación. Se distingue de los conceptos o de las ideas, porque en éstos la representación es de carácter abstracto, mientras que las imágenes son concretas y mantienen una relación directa con los datos sensoriales. Las nuevas aportaciones de los sistemas informáticos de reconocimiento de imágenes, desarrollados en el seno de la inteligencia artificial, abren nuevas perspectivas a la comprensión de los procesos de la percepción, la imaginación y la formación de conceptos.
En la historia de la filosofía, a la imaginación se la relaciona con el conocimiento. Platón no la distingue de la sensación, o conocimiento por imágenes, y le da el nombre de eikasia suposición, primer grado de conocimiento sensible en la metáfora de la línea.
La metáfora de la línea,  es un famoso texto de Platón que aparece al final del libro VI de la República (509d-511e) en el que se expone las relaciones entre el mundo sensible y el mundo de las ideas, y señala los diversos grados de conocimiento, a la vez que sugiere el camino y la misión de la dialéctica. Es, pues, un texto en el que se trata del auténtico conocimiento filosófico, del papel de las hipótesis y de las articulaciones entre los distintos niveles ontológicos y epistemológicos. La continuación de este texto es el celebérrimo texto del mito de la caverna, que se desarrolla en el libro VII de la misma obra. En la metáfora de la línea, Platón propone que tracemos una línea AB y que la dividamos en partes desiguales por el punto C, de esta forma obtenemos dos subsegmentos: el AC y el CB, siendo el primero de ellos más corto que el segundo. Acto seguido Platón propone que consideremos el segmento más corto como si se tratase de una imagen o copia del segmento CB y, por tanto, más imperfecta (de la misma manera que una copia es inferior al original, o que una sombra o un reflejo tienen una existencia dependiente del objeto del cual son sombra o reflejo), de ahí que la represente con una longitud menor. Posteriormente, asigna a cada uno de los segmentos la representación de distintos grados de la realidad y de distintos grados del conocimiento. De esta manera, nos introduce en sus tesis de una gradación de la realidad en la que cabe considerar distintos grados de imitación o representación de las ideas, así como distintos grados y caminos de conocimiento. A su vez, dice, dividamos cada uno de estos dos segmentos mediante los puntos D y E, siguiendo la misma proporción. De forma que:
AD/DC = CE/EB y, en general, como AC/CB.


 Así obtendremos una línea dividida en 4 segmentos tal como:
desde una perspectivo ontológica:
     mundo sensible                              mundo inteligible
     /            \                                           /                 \

sombras    obj. físicos      entes matemáticos             ideas



A_______D__________C______________E_____________________B

         

 eikasía       pístis                dianoia                 noesis, dialéctica

          \        /                                  \                                /

         opinión (doxa)                      conocimiento (episteme)


          Punto de vista ontológico
El segmento mayor CB representa, desde el punto de vista ontológico, el mundo inteligible. El segmento menor AC representa, el mundo sensible, El segmento AC se subdivide en AD y DC, según la proporción AD/DC=AC/CB, indicando con ello que AD es la imagen de DC, como AC lo era de CB. De esta manera Platón, desde el punto de vista ontológico, sitúa en el subsegmento inferior AD las sombras y las imágenes de los objetos físicos reales que están representados por DC. A su vez, el segmento CB también se subdivide según la misma proporción, de forma que CE representa, desde un punto de vista ontológico, los entes matemáticos El segmento EB representa los primeros principios, las ideas o formas.
Todos los segmentos están relacionados entre sí, y respecto del segmento EB, por la relación «ser imagen de», o «ser representación de».     
         Punto de vista epistemológico
El segmento mayor CB representa, epistemológicamente, el conocimiento verdadero o episteme. El segmento menor AC representa la doxa  u opinión. El segmento AC se subdivide en AD y DC, según la proporción AD/DC=AC/CB, indicando con ello que AD es la imagen de DC, como AC lo era de CB. De esta manera Platón, desde la perspectiva epistemológica AD representa la creencia, y DC la imaginación.  A su vez, el segmento CB también se subdivide según la misma proporción, de forma que CE representa, desde un punto de vista epistemológico, el pensamiento discursivo o dianoia. El segmento EB representa la razón intuitiva que se desarrolla dialécticamente. Todos los segmentos están relacionados entre sí, y respecto del segmento EB, por la relación «ser imagen de», o «ser representación de».
El aspecto más interesante de esta metáfora no estriba tanto en la relación general entre AC y CB (mundo sensible y mundo inteligible), que Platón desarrolla de manera más completa en otros textos (como en el mito de la caverna, por ejemplo), sino en la relación establecida entre DC y CE, por una parte, y la relación entre CE y EB, por otra. En estas relaciones se pone de manifiesto la admisión por parte de Platón de los entes matemáticos (a los que, según Aristóteles, tanta importancia daba Platón situados en CE, que se valen de los objetos físicos como si éstos fuesen imágenes de aquéllos y, a su vez, son como imágenes de las auténticas ideas (EB), ocupando un lugar intermedio entre los objetos de la realidad física y el mundo de las ideas. La existencia de estos entes es la que permitiría a Platón dar un fundamento a las matemáticas y evitar el problema suscitado por la afirmación de la existencia de diversos círculos, triángulos y, en general, la iteración. ¿Cómo explicar la posibilidad de intersecciones entre círculos, triángulos, iteraciones repetidas del «mismo» número, etc., si solamente hubiese una única idea de circunferencia, de triángulo, de número tres, etc.? Para solucionar este problema, Platón sitúa en CE los entes matemáticos, copias perfectas de las ideas, pero plurales y no idénticas a ellas, que actuarían como intermediarios entre las verdaderas ideas y la realidad sensible. Por una parte ya son objeto del conocimiento científico (episteme), pero todavía no son objeto de la forma superior de este (la noesis). Por ello, solamente son objeto de la intelección o pensamiento discursivo (dianoia). Platón también afirma que la ciencia que corresponde a CE se sustenta en hipótesis y presupuestos que ella misma no estudia, y es tarea del conocimiento situado en EC, es decir, de la filosofía, el estudio de estos primeros principios y presupuestos absolutos. Así, el segmento que, desde el punto de vista ontológico, representa los entes matemáticos, se corresponde con la dianoia.
La dianoia tiene como objeto de estudio aquello que el alma se siente impulsada a estudiar con ayuda de las imitaciones de los primeros segmentos. De la misma manera que el subsegmento DC es el modelo que copia el subsegmento AD, el subsegmento CE es el que sirve de modelo al mismo DC.Si se compara este texto con la famosa alegoría de la caverna que se desarrolla un poco más adelante en el comienzo del libro VII de la República (514a-517e), también puede señalarse que cada uno de los segmentos de la línea se corresponden con las cuatro grandes regiones en las que se divide la realidad descrita por este mito. También en la caverna pueden distinguirse dos grandes regiones: la del interior de la caverna, y la del exterior. La caverna, a su vez, está poblada por entidades que son manifiestamente copias del exterior y, en ella, se distingue la región en la que están encadenados unos prisioneros obligados a observar solamente sombras y la región que ocupan unos misteriosos personajes que llevan esculturas iluminadas por un fuego. Pero si las sombras lo son de las esculturas, el fuego del interior de la caverna es sólo una muy imperfecta imitación de la luz del sol que está en el exterior. Así, AC se corresponde con el interior de la caverna y CB con el exterior; AD con las sombras que ven los prisioneros y con éstos mismos; DC con las figuras proyectadas por el fuego de la caverna, de las cuales las sombras son su proyección; CE con el mundo exterior del cual todo cuanto está en la caverna es mera copia y EB con el sol, sin el cual, como sin las ideas, nada de cuanto hay en los otros ámbitos de lo real podría ser ya que, como dice Platón, en cierto modo, al igual que el sol es la causa de las estaciones, de la distinción entre el día y la noche y de la existencia de vida sobre la tierra, las ideas y, en especial, la idea de Bien es la causa suprema.
Aristóteles, que la denomina phantasía, la distingue tanto de la sensación como del pensamiento discursivo, la constituye en acompañante obligado de todo conocimiento y la considera capaz de error. 
Hobbes la define como una «sensación degradada» y la divide en simple y compuesta. 
Descartes la constituye, comparada con la intelección, en una facultad cognoscitiva de segundo orden, vinculada a lo sensible, lo cual genera a su respecto una postura de desconfianza tradicional en el racionalismo, que aumenta cuando se la identifica, como imaginación productora, con «la loca de la casa», la fantasía. 
En Hume desaparece esta desconfianza y hace de la imaginación lafuente misma de las ideas simples y complejas . 
Kant, que la define como capacidad de intuir sin objeto presente, distingue entre imaginación reproductora y creadora o productiva, y asigna a esta última su propia función trascendental en el conocimiento sensible: la de procurar la síntesis, o conjunción, entre lo sensible y los conceptos,  asocia, además, la imaginación productiva con la estética.
 El romanticismo, que hace de esta facultad unificadora y creadora, que recompone la realidad de una forma libre, una forma de conocer superior a la razón y al entendimiento, tiene que ver con los planteamientos kantianos, e idealistas en general, de imponer a la naturaleza nuestra propia subjetividad
En la filosofía contemporánea, Sartre critica la desconfianza tradicional respecto de la imaginación,  y en La imaginación (1936) y Lo imaginario (1940), inspirándose en la fenomenología de Husserl, la considera algo intermedio entre la percepción y el pensamiento. Lo «imaginario», es el mundo de la imaginación, constituido por objetos creados por la «conciencia imaginante», que tiene no sólo capacidad de representarse un objeto ausente como presente, sino también la de poder crear objetos irreales, un mundo irreal o un «antimundo», cuyo sentido es ser la negación del  mundo real; con ello expresa la conciencia su libertad respecto de lo real. 

Un poco de historia

La diferencia entre cuerpo y mente era extraña a la concepción aristotélica que había precedido mayoritariamente al enfoque de Descartes. Para el hilemorfismo de Aristóteles lo importante era distinguir entre la forma y la materia de un objeto, pero mantenía que esta unidad era indisoluble, de manera que cualquier objeto consistía en una materia organizada según una forma particular. Y esto lo aplicaba no sólo a objetos inanimados, sino también a los animados.
 Para Aristóteles la forma de los cuerpos animados era la psique, a la que no concebía como separada del cuerpo. Por ello, en el pensamiento aristotélico no hay lugar para pensar en el alma de cada individuo como algo susceptible de ser separada del cuerpo. Pero, con el advenimiento de la revolución científica y el subsiguiente rechazo de la física aristotélica en los siglos XVI y XVII, se rechazó también la explicación aristotélica de la naturaleza a partir de las nociones de forma y materia, lo que condujo a una nueva orientación acerca de las actividades mentales, que estuvo caracterizada por la nueva noción de materia (entendida más bien como cuerpo inerte y pasivo) que actuaba en función de fuerzas que incidían sobre ella exteriormente. 
El mecanicismo se extendió hacia el ser humano mismo, como en el caso de Hobbes, por ejemplo. Pero si bien el mecanicismo radical desembocaba en un materialismo (el hombre máquina de La Mettrie), la existencia de fenómenos como los deseos, las voliciones o los sentimientos, y especialmente del lenguaje y el razonamiento, parecían hacer necesaria la intervención de una mente externa al cuerpo (al menos por lo que se refiere a los seres humanos, ya que para Descartes los animales eran simplemente máquinas). De esta manera, el problema de si la mente es una sustancia distinta del cuerpo físico es un legado de la filosofía cartesiana. Además, en esta filosofía y, en general, en todas las formas de idealismo epistemológico, al sustentarse que todo nuestro conocimiento es conocimiento de ideas, y al concebir éstas como el conjunto de los contenidos de nuestra mente, podía considerarse que las ideas son lo propiamente mental. De esta manera se acentuaba el dualismo y la oposición entre lo mental (propio de la res cogitans) y lo material (propio de la res extensa), lo que conducía al problema de la comunicación de las sustancias y a las teorías del paralelismo psicofísico. Generalmente la noción de lo mental se asoció a la de conciencia, de forma que lo mental sería el conjunto de estados conscientes de la mente. Pero a partir del psicoanálisis, también se ha ampliado esta noción hacia el terreno de lo inconsciente, de forma que la antigua identificación entre mental y consciente se ha difuminado. En la actualidad el problema de la mente ha suscitado un vivo interés, y se han reproducido la mayoría de las clásicas posiciones, pero fuertemente modificadas gracias a la filosofía del lenguaje (especialmente a partir del último Wittgenstein y el análisis del lenguaje ordinario) y a los desarrollos de la moderna neurología, por una parte, y de las ciencias cognitivas, ciencias de la computación y la inteligencia artificial, por otra.
Algunos filósofos como Karl Popper y el neurofisiólogo y premio Nobel John Eccles han reformulado el dualismo y han introducido un tri-ísmo, al que ellos llaman interaccionismo, a partir de la teoría de los tres mundos. Pero en contra de las tesis dualistas se ha levantado el conductismo filosófico, que parte de los estudios de Wittgenstein y de Malcom del lenguaje ordinario, y cuyo representante más característico es G. Ryle, cuyo obra El concepto de lo mental (1949), arremetió contra el dualismo cartesiano y el problema del «fantasma en la máquina », y señala que la pretendida diferenciación entre mente y cerebro es fruto de un error categorial.
Para el conductismo la mente no existe propiamente y debe abandonarse el lenguaje mentalista en las explicaciones de los fenómenos psicológicos, que solamente deben explicarse atendiendo a la descripción de estímulos y respuestas y por la leyes que rigen la conducta. No obstante, las críticas de Quine a determinados presupuestos teóricos de estas concepciones, así como el hecho de que no siempre podemos traducir términos mentales en descripciones de conductas (los estados mentales, tales como las creencias, por ejemplo, no se manifiestan necesariamente en conductas), ha conducido a la formulación de otras concepciones. De entre ellas, destacamos:
a) La teoría de la identidad como tipo, que identifica los estados mentales directamente con estados del cerebro, defendida, entre otros, por Köhler, Penfield, Place, Hebb, Feigl y Smart. (A veces, también se conoce esta teoría como central state materialism). Esta tesis admite la posibilidad de distinguir entre mente y cerebro, entre procesos mentales y cerebrales, pero si esta distinción es pertinente en un primer nivel de análisis, en última instancia una mejor consideración de estos fenómenos muestra su identidad: cualquier proceso mental se acaba identificando con un proceso cerebral.
b) Pero las críticas de autores como Kripke o Schaffer a la teoría de la identidad como tipo en sus primeras formulaciones han hecho que varios de los defensores de dicha teoría (como Feigl, por ejemplo) se pasen al llamado materialismo eliminativo, defendido, entre otros, por Paul y Patricia Churchland, Stephen Stich, Feyerabend y Rorty. Dicha teoría niega la existencia de fenómenos mentales y sustenta que toda identificación o reducción de los estados mentales a estados neuronales (o neurales) debe conducir necesariamente a una eliminación de los primeros. Cuando la neurofisiología muestre que todas nuestras creencias, deseos o dolores no son más que configuraciones de eventos neuronales, estas nociones -propias de una psicología popular- dejarán de existir. Por tanto, propugnan el abandono de la especulación psicológica para adoptar el estudio concreto de la neurofisiología.
 c) No obstante, en la medida en que se puede aceptar la existencia de estados mentales (recuerdos, deseos, afectos, percepciones, intencionalidad) que conviene distinguir de las actividades físicas o fisiológicas que los engendran, se puede seguir utilizando la noción de lo mental, aunque de ahí no se infiera la existencia de una entidad (la mente) distinta de las funciones que engendran estos estados. Por ello, la teoría de la identidad como instancia sigue manteniendo una cierta irreductibilidad de los fenómenos mentales a meros procesos físicos, y sostiene que cada estado mental se corresponde a un estado neural y es idéntico a un estado cerebral, pero un mismo estado mental puede proceder de distintos estados cerebrales. Esta teoría propone una forma débil de materialismo no reduccionista (denominado a veces token-token  materialismo ocasional). Defienden esta tesis autores comoDonald Davidson (cuya teoría del monismo anomal puede incluirse dentro de esta teoría), Jerry Fodor y Hilary Putnam. Las relaciones entre tipos mentales y tipos físicos son de tal manera que el mismo evento mental puede realizarse, en circunstancias distintas, en eventos físicos completamente distintos. Para esta teoría los eventos mentales deben entenderse funcionalmente, lo que ha conducido al llamadofuncionalismo psicológico (que no debe confundirse con el funcionalismo psicológico de fines del siglo XIX y comienzos del XX desarrollado por Dewey y Angell, que más bien se vincula con los desarrollos de la inteligencia artificial), y que ha sido defendido, entre otros, por el mismo Smart, Armstrong, D.K. Lewis y otros. Para este funcionalismo los procesos mentales son funciones o estados funcionales que median entre entradas (sensoriales, por ejemplo) y salidas o respuestas (motoras, por ejemplo). Dichas funciones pueden ser concebidas independientemente de su soporte físico, de manera que lo mental se independiza de su base cerebral, lo que permite la posibilidad de sustentar la posibilidad tanto de máquinas pensantes, como de entes espirituales (sin cerebro, por consiguiente), capaces de funciones mentales. Por esta razón el funcionalismo psicológico puede ser defendido desde una multitud de distintas posiciones filosóficas, desde el materialismo hasta el espiritualismo.
d) Otra tesis actualmente defendida es el emergentismo, que tiene enJohn Searle a su más conocido representante. Según Searle, mente y cerebro no son independientes sino que interactúan, de manera que los rasgos mentales son función de las estructuras biológicas cerebrales, pero no son reductibles al cerebro, sino que son propiedades emergentes de él. Este emergentismo no reduccionista se basa en la distinción entre micronivel y macronivel. De la misma manera que un cuerpo tiene la propiedad (en el macronivel o macropropiedad) de la liquidez debida a las propiedades no líquidas de sus estructuras atómicas y moleculares (micronivel o micropropiedad), lo mental es la manifestación en un macronivel de las estructuras neurales y del funcionamiento del cerebro y el sistema nervioso o micronivel. El cerebro es causa de la mente, pero ésta no se reduce a aquél. Con esta teoría Searle se propone superar las deficiencias que él encuentra en el funcionalismo, en especial, la falta de explicación de ésta corriente a fenómenos propios de lo mental como la conciencia, la causación mental, la subjetividad y la intencionalidad. Para destacar el carácter meramente superficial de las tesis de los defensores de la teoría de la inteligencia artificial fuerte, Searle ideó el famoso experimento mental conocido como la experiencia de la habitación china, en la que señala la posibilidad de una máquina que simule el comportamiento humano manipulando símbolos, pero no sea consciente de los significados de éstos. Searle al considerar el cerebro como estructura biológica base de lo mental, difícilmente puede aceptar la existencia de máquinas pensantes. Para él la diferencia entre la función de los cerebros humanos (de los que emerge lo mental) y los ordenadores electrónicos u otras estructuras no biológicas (que según Searle no pueden tener mente) es debida básicamente a su diferente constitución material. Por ello se opuso a las tesis sostenidas por el célebre texto de Turing . Pero no explica por qué los organismos biológicos como los cerebros pueden tener mente, intencionalidad y comprensión semántica y otros organismos (mecánicos o electrónicos, por ejemplo), no. Una mera apelación a la formación evolutiva o al hecho de que nosotros mismos seamos uno de estos sistemas no basta para zanjar el problema. Por ello Roger Penrose piensa que la admisión de máquinas capaces de actividades mentales no debe reducirse a la posibilidad de considerar éstas meramente como artilugios más o menos mecánicos, electrónicos o biológicos, sino que debe explicarse desde el punto de vista de si los procesos que se realizan en estos sistemas son meramente algorítmicos o no.
La sensibilidad (del latín sensibilitas, sentido, sensibilidad) es la facultad de percibir sensaciones, o de percibir mediante los sentidos. Significa también la intensidad con que se capta un estímulo sensorial: la sensibilidad absoluta la determina el umbral de percepción; la relativa, el umbral diferencial. Entendida en un sentido general, es la capacidad afectiva o emotiva. De entre los múltiples tipos de sensibilidad, se distinguen especialmente tres: la sensibilidad visceral o interoceptiva, que capta las sensaciones de origen interno, como por ejemplo la de bienestar o malestar, de hambre, sed, ansias de orinar, etc.; la sensibilidad propioceptiva, que capta las sensaciones de posición, movimiento y equilibrio del propio cuerpo (a veces, esta sensibilidad, así como la cenestesia se catalogan como sensibilidad visceral, y la sensibilidad exteroceptiva, que capta las sensaciones que provienen del exterior a través de los sentidos receptores.
Esta última noción es la que, en el terreno más estrictamente filosófico, ha dado origen a la idea de sensibilidad, entendida como facultad de conocer distinta de la del entendimiento. Kant, que desarrolla una teoría específica sobre la sensibilidad, la concibe como capacidad de recibir objetos en los sentidos mediante la sensación. Es el sentirse pasivamente afectado por las cosas; a ella responde de un modo activo y espontáneo la facultad de pensar, llevada a cabo por el entendimiento. La filosofía trascendental de Kant dispone para la sensibilidad también elementos a priori, encargados de hacer posible la intuición de los objetos: el espacio y el tiempo. Clásicamente se ha interpretado que la sensibilidad es una facultad inferior y subordinada a la propiamente humana del entendimiento. A partir del s. XVIII, con el despegue de la sensibilidad estética, se produce una reacción en contra del racionalismo del siglo anterior. A. Baumgarten, uno de los primeros teóricos de la estética como ciencia, la define aún como la «ciencia del conocimiento sensible o gnoseología inferior». Pero, a lo largo del s. XVIII, las sucesivas teorías de lo bello y del gusto en Inglaterra, Francia y Alemania, basadas en la teoría de los sentimientos de los empiristas ingleses, y sobre todo las teorías estéticas del romanticismo del s. XIX, intentan superar la oposición radical entre razón y sensibilidad, establecida por Kant. Las llamadas filosofías de la vida, de mediados del s. XIX y comienzos del XX, son una apelación a la sensibilidad bajo la forma del sentimiento y la experiencia vivida.
La sensación (del latín sensatio, de sentire, percibir por los sentidos) es en sentido amplio, el hecho de percibir por los sentidos, o también cualquier impresión confusa de tipo interno, sentimiento o afecto. Propiamente, el fenómeno psicofisiológico por el que un órgano sensorial capta, transmite y elabora un determinado tipo de energía que le proporciona un estímulo externo. A este fenómeno de tipo específicamente fisiológico, le corresponde en el organismo/sujeto la conciencia de entrar en contacto con el medio externo o interno.
La psicología empírica estudia la sensación desde el punto de vista psicofísico, analizando las características de los órganos receptores (piel, oído, retina, etc.) y el tipo de proceso físico y fisiológico que supone el contacto con las distintas clases de energías estimuladoras (ondas, procesos mecánicos, vibraciones, etc.). Destaca que las sensaciones no son sólo fenómenos de recepción pasiva, sino también de colaboración y aportación activas por parte del organismo, y las sistematiza, para su estudio, clasificándolas normalmente en interoceptivas, propioceptivas y exteroceptivas, esto es, sensaciones del medio interno (de necesidades y estados orgánicos), de uno mismo (situación y postura del cuerpo) y del medio externo (recepción de información del exterior), que se capta -este último-  por contacto o a distancia. Las primeras son sumamente importantes en los estados afectivos, las segundas lo son para la orientación del organismo en el medio en que vive, y las terceras para la supervivencia y adaptación del individuo al medio. Las sensaciones se diversifican cualitativamente según los distintos órganos sensoriales que las producen y, además de diferir por la cualidad -sólo percibida subjetivamente por cada individuo-  difieren según la intensidad y la duración. La psicología estudia los umbrales de la sensación: los valores de estimulación a partir de los cuales hay sensación o variación en la intensidad de la sensación.
La cuestión más importante, no resuelta aún ni por la psicología ni por la filosofía, es llegar a explicar cómo una sensación -un fenómeno en principio de tipo físico y fisiológico- llega a ser consciente; cómo fenómenos físicos se convierten en psíquicos. En realidad, éste es el problema de la interacción mente/cerebro, o mente y cuerpo.
Desde el punto de vista estrictamente filosófico, la sensación se ha visto siempre como el momento de contacto con la realidad (básicamente exterior), y en esto consiste precisamente el problema que plantea: si es objetiva y en qué medida lo es, es decir, si y en qué medida lo sentido (lo percibido) corresponde al mundo real y no es simple elaboración del sujeto. La relación de las sensaciones con el pensamiento se ha contemplado fundamentalmente desde dos puntos de vista:racionalismo y empirismo. Para éste, no hay conocimiento sin sensación previa; para aquél, hay conocimientos que no dependen de la sensación. Kant, en una vía de síntesis, considera vacíos los pensamientos sin sensación, y ciegas las sensaciones sin pensamiento , y sostiene además que todo conocimiento empieza con la experiencia, cuya «materia bruta» son las sensaciones , pero introduce elementos a priori en el conocimiento sensible, que, como tales, no provienen de la experiencia.
 La relación de la sensación con la percepción y con el conocimiento intelectual se explica de diversas maneras según las distintas tendencias psicológicas o filosóficas. La distinción entre sensación y percepción proviene de Wundt: a la sensación se la considera subjetiva y a la percepción, objetiva; se considera que la sensación capta la unidad de los estímulos, y la percepción el conjunto; o bien que la sensación representa un estado del sujeto y la percepción un estado del mundo. Pero, en todo caso, se establece normalmente una relación de causa y efecto entre ambas y una determinada serialidad  -sensación, percepción, pensamiento-, siendo siempre la sensación el material en bruto de la conciencia.
El estímulo es (del latín stimulus, aguijón) toda alteración del medio externo o interno, en forma de objeto, suceso, energía o cambio de energía, que a través de los receptores, los órganos de los sentidos, es capaz de desencadenar una respuesta en un organismo. A la capacidad que tiene un organismo de ser estimulado se la llama excitabilidad, y al hecho fisiológico por el que un organismo percibe un estímulo, sensación.
Los estímulos sensoriales son de seis clases:
acústicos,
luminosos electromagnéticos,
mecánicos,
térmicos,
químicos
 y eléctricos.
Y en todo estímulo hay que considerar el aspecto cualitativo (longitud de onda, frecuencia de vibración o tipo de sustancia química y distintas condiciones de percepción del color, del gusto y el olfato) y el aspecto cuantitativo o intensidad (cantidad mínima de energía necesaria para que haya estimulación o varíe).
Para que exista sensación, la energía que constituye el estímulo ha de producirse según unas determinadas características de cualidad e intensidad, reguladas por el «umbral de estimulación»; por debajo del umbral mínimo no hay sensación y por encima del umbral máximo hay sensación de dolor. La ley de Weber-Fechner determina los umbrales diferenciales. Según esta ley, «una sensación aumenta en progresión aritmética, sólo si el estímulo crece en progresión geométrica».
El conductismo explica toda conducta como una secuencia o serie de
secuencias de estímulos y respuestas  
secuencias que son naturales u obtenidas por condicionamiento.
La conciencia (del latín conscientia, derivado de cum, con, y scientia, conocimiento, por consiguiente remite a un cierto «saber con») es por su etimología, el saber algo dándose uno cuenta de que se sabe, o bien el tener una experiencia advirtiendo el sujeto que la tiene; la etimología de la palabra apunta ya, por tanto, a la principal característica del concepto: la reflexión. En general, es la capacidad de representarse objetos o la capacidad de conocer objetos del mundo exterior, mediante una representación de los mismos con intuiciones y/o conceptos. Posee, por consiguiente, dos sentidos fundamentales o bien hay que decir que existen dos clases de conciencia:
la representativa (de objetos) 
y la reflexiva (sobre uno mismo). 
Aunque la conciencia existe en distintos grados en el reino animal, en sentido pleno la conciencia es un fenómeno puramente humano y con ello se afirma que:
1) todo hombre individual tiene conciencia, esto es, es capaz de representarse mentalmente el mundo; pero que
 2) lo hace de un modo tal que es sustancialmente idéntico para todo hombre, de donde proviene que todo hombre, además de ser un individuo capaz de conocer es, también un sujeto sustancialmente idéntico a los otros; y, por último, que
3) tener conciencia, o ser sujeto, implica que existen objetos conocidos por este sujeto.
En el primer sentido, la conciencia es la capacidad del individuo de conocer el mundo que le rodea; en el segundo, la conciencia significa subjetividad o entidad de sujeto para quien la tiene, y en el tercero, la conciencia señala la inevitable condición de que «toda conciencia es conciencia de algo» y de que, por lo mismo, significa la unión, fusión o relación -pero no identidad, que es lo que afirma el idealismo- entre un sujeto y un objeto. Cuando este objeto es el yo mismo, a la conciencia se la llama autoconciencia, o conciencia de sí mismo, y cuando es un valor moral o un deber, conciencia moral. Es propio de la conciencia dar unidad al conjunto de la experiencia, hasta el punto de que la posibilidad de captar y comprender el conjunto de experiencias como un todo, ya sea como un objeto o como la totalidad de objetos, depende esencialmente de la permanencia, constancia, identidad de la conciencia y de su carácter de sujeto. Características básicas, por consiguiente, de la conciencia son: la intencionalidad, la reflexión y la identidad o permanencia como sujeto.
La historia de la filosofía y del pensamiento ha visto en la conciencia el momento importante de la representación de objetos, o el fenómeno del conocimiento, por lo que los principales enfoques de la conciencia van a la par con cuestiones fundamentales de las diversas teorías del conocimiento. Dejando de lado las primeras apelaciones a la conciencia, entendida como conocimiento reflexivo de uno mismo, hechas por el«conócete a ti mismo», de Sócrates, o el «diálogo del alma consigo misma», de Platón, o la distinción entre «hombre exterior» y «hombre interior», y hasta el «maestro interior», de Agustín de Hipona, la consideración de la conciencia como tema de filosofía comienza con las Meditaciones metafísicas de Descartes. Para él, es fuente única de certeza y modelo de conocimiento y se identifica, además, con el yo o la sustancia del individuo; es el comienzo de una tradición que llega hasta la época moderna, que identifica conciencia y certeza y hace de la conciencia la característica del hombre y del saber humano: la mente y la razón. A Hume se debe, en cambio, la perspectiva de considerar a la conciencia como si fuera un flujo de impresiones ,  un «haz», una «corriente» o un «río», esto es, como conjunto de vivencias sin identidad de sujeto y sin carácter sustancial. Con la llegada de los representantes de la llamada filosofía de la sospecha, se somete a crítica la noción tradicional de conciencia. Nietzsche afirma el origen social de la conciencia y la necesidad de desenmascarar cuanto se oculta realmente detrás de ella como conciencia moral; Marx la constituye en un mero reflejo de las relaciones económicas de producción y según Freud es un producto del inconsciente.
Husserl reemprende la tradición clásica y cartesiana de conciencia, interrumpida por los filósofos de la sospecha. Como para Descartes, también para Husserl, pero en mayor medida, la conciencia es conciencia de algo. Rechaza, sin embargo, que este algo sean ideas, o enunciados sobre ideas, que Descartes toma como objeto de investigación según su «contenido objetivo». Para Husserl el ser «conciencia de» significa que la conciencia es esencialmente intencional, y que lo suyo es representar algo siempre y en todo momento, y una conciencia que no apuntara a un objeto sería algo tan contradictorio como hablar de una «materia inextensa», pero los objetos a que apunta son también estados intencionales o subjetivos. Al distanciarse por igual del realismo -que supone, sin más, la existencia de un mundo exterior- y del idealismo -que identifica el mundo exterior con la conciencia humana-, describe la intencionalidad de la conciencia en su doble aspecto de acción de referirse a «objetos» y de objeto referido, de nóesis y nóema, respectivamente, como aspectos ambos intencionales o fenoménicos.
Posteriormente, tanto la filosofía especulativa como las investigaciones empíricas de la psicología, sobre todo de la llamada psicología de la Gestalt, han coincidido en suponer necesaria la distinción entre «mundo percibido» o «mundo vivido», o conjunto de vivencias de la conciencia, y mundo en sí. Según la actual filosofía de la mente, a la afirmación de que los fenómenos mentales son procesos cerebrales sigue la afirmación de que describir la conciencia no es labor exclusiva de la filosofía, sino también de las ciencias empíricas en general y de la neurofisiología en especial. Aunque con excepciones notables -Th. Nagel, Colin McGinn o John R. Searle, por ejemplo, que sostienen que la subjetividad, propia de la conciencia, no puede explicarse mediante una reducción a estados puramente físicos-, la tendencia general afirma la identidad psicofísica de mente y cuerpo, en la variante actual denominada «teoría de la identidad de rol causal», o bien funcionalismo, según la cual los «estados» mentales -hechos, procesos o estados mentales- se conciben en términos del rol que asumen al conectar los inputs y los outputs del cerebro, o los estados mentales mismos, esto es, en términos de causa (que los provoca) y efecto (sobre la conducta). También para la filosofía de la mente actual se mantiene la cuestión del carácter ontológico que hay que otorgar a la concienciay de su autonomía respecto de fenómenos explicables por meras propiedades físicas. La distinción, que se mantiene, entre «conciencia fenomenal» (la reflexiva y subjetiva) y «conciencia representacional» (la que aporta información externa) es no sólo indicio de la complejidad del problema, sino también de que hay un problema filosófico y un problema empírico que deben diferenciarse.
Immanuel Kant: la imaginación  trascendental:
“La imaginación es la facultad de representar un objeto en la intuición incluso cuando éste no se halla presente. Ahora bien, teniendo en cuenta que toda intuición nuestra es sensible, la imaginación, debido a nuestra condición subjetiva, sin la cual no podría suministrar a los conceptos del entendimiento la intuición correspondiente, pertenece a la sensibilidad. No obstante, en la medida en que su síntesis es una actividad de la espontaneidad [...], la imaginación es una facultad que determina a priori la sensibilidad; la síntesis de las intuiciones efectuada por esa facultad tiene que ser una síntesis trascendental de la imaginación de acuerdo con las categorías. Tal síntesis constituye una acción del entendimiento sobre la sensibilidad y la primera aplicación del mismo (fundamento, a la vez, de todas las demás) a objetos de una intuición posible para nosotros.  [...] En la medida en que la imaginación es espontaneidad, también la llamo a veces imaginación productiva, con lo cual la distingo de la reproductiva, cuya síntesis se halla sujeta exclusivamente a leyes empíricas, a saber, las de la asociación, y que, por ello, no aporta nada a la explicación de la posibilidad del conocimiento a priori. Consiguientemente, la imaginación reproductiva pertenece a la psicología, no a la filosofía trascendental.”
Crítica de la razón pura, Deduc. trasc., § 24, B 151-152 (Alfaguara, Madrid 1988, 6ª ed., p. 166-167).

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Pregúntate... ¿Cuándo tienes tus mejores ideas?


La creatividad y otros factores

Según Goldman, (1991), la creatividad es algo misterioso. La creatividad se relaciona con otros elementos psicológicos como la inteligencia, la independencia y autorregulación, así como con el rendimiento. La creatividad, siendo un elemento misterioso, es difícil de evaluar, como por ejemplo las pruebas de Torrance y Guilford, no obstante estas pruebas adolecen de ser en extremo complejas y con un componente altamente subjetivo.
Existen distintas pruebas de imaginación creativa (PIC), en ellas se suele evaluar dos tipos de creatividad, la verbal o narrativa y la de tipo gráfico, a veces se combinan ambas. Hasta ahora siempre se le había dado más importancia a los componentes gráficos de la creatividad, no obstante los de tipo verbal son quizás más demandados en el campo laboral.
En lo que suelen coincidir todos los autores es en que la creatividad es una cualidad o capacidad que puede ser aprendida y que, con el debido entrenamiento podemos desarrollarla cada vez más. En los ámbitos del dibujo y de la plástica son fundamentales, ya que el diseñador, el arquitecto, el dibujante, debe estar innovando en cada momento, de ahí que sea esencial su estudio en este ámbito.

Entre las definiciones más recientes acerca de la creatividad, observamos aquellas que relacionan muchos factores, aquellos relativos al conocimiento, a los estilos de pensamiento, a la personalidad, al entorno y a la motivación. Se interpreta en conceptos modernos que todos estos elementos interaccionan de manera que el individuo genera algo novedoso y útil bajo cierto contexto social, no obstante en el campo artístico, un elemento creativo no tiene por qué ser necesariamente útil.

Es conocido el modelo propuesto por Rhodes en 1961, en él se hace referencia a cuatro factores que se deben considerarse en el estudio de la creatividad: la personalidad del creativo, el proceso de la creatividad, el producto o efecto, y el entorno o las presiones ambientales, más adelante Simonton en 1990 incorpora persuasión y Runco en 2007 el potencial.
Por regla general se considera una persona creativa aquella que es más sensible hacia ciertos problemas y lagunas en información, bajo esta sensibilidad esta persona plantea nuevas hipótesis, indaga y evalua los problemas, tratando de buscar nuevas soluciones y nuevos enfoques.

http://m.cuantarazon.com/604957/la-imaginacion
  
La creatividad a través del uso de la imaginación.
Según Osborn (1979), la imaginación es el principio motor de la actividad creativa, ésta encuentra ideas y transforma lo encontrado.
Crear es generar nuevas transformaciones o combinaciones y asociaciones entre elementos distintos. Mediante la imaginación combinamos imágenes para encontrar nuevas soluciones. La imaginación es la capacidad que tenemos para provocar imágenes, es por tanto la capacidad mental que implica formación de representaciones que no están presentes, es construir imágenes mentales, es visualizar más allá de lo real. Gracias a nuestra capacidad de inventar, damos respuesta a miles de situaciones distintas de la vida cotidiana, sin embargo la imaginación experimenta un decremento en los niños en el momento en que se incorpora la razón y el análisis lógico en los contenidos que estudia. El entorno de la escuela está centrado más en el desarrollo lingüístico y sus normas, en las estructuras lógicas de la matemática, en los análisis secuenciales y racionales, todos estos modelos de estudio rompen con la imaginación, con la fantasía, con el entorno de la intuición, con una perspectiva soñadora como la que tienen los niños.
Según Menchén, la imaginación requiere tres capacidades distintas:
- La fantasía que se fomenta con las ensoñaciones, los deseos y las situaciones inverosímiles.
- La intuición que es una visión inmediata del objeto y nos permite mirar y comprender.
- La asociación que combina ideas e imágenes aparentemente inconexas.
Para facilitar el desarrollo de la imaginación se debe motivar al alumnado en el aula  mediante juegos de carácter lúdico, se debe dar legitimidad a un pensamiento divergente, se debe dar libertad para admitir lo absurdo, se debe prohibir reprimir la fantasía y la espontaneidad, se debe permitir dar tiempo para reflexionar sobre esas imágenes que combinadas generan modelos creativos.


Las pruebas de la creatividad evalúan:
La fluidez en las ideas
La capacidad flexible del pensamiento
La originalidad de las producciones
El grado de elaboración de las respuestas
El uso de distintos detalles creativos que enriquecen la obra: el estudio de la luz, de los tonos, de las perspectivas, de color, etc.



“La imaginación es más importante que el conocimiento, porque éste es limitado, mientras que la imaginación es infinita” (Albert Einstein)


Identifican la red cerebral que hace posible la creatividad y la imaginación:

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Pruebas con ratones sobre el bienestar y la felicidad

La felicidad es mayor antes de que aparezca la comida

Expectativas / incertidumbre / 50%

Dopamina

Expectativas de que aparezca comida después de cerrar la palanca cuando hay luz

Incertidumbre

Motivación

Mayor
50%
Mayor
Mayor
Menor
100%
Menor
Menor


El poder de la imaginación

Un animal se estresa cuando lo persigue un depredador, nosotros nos estresamos cuando lo imaginamos.

El 5HTT es un gen que propicia más posibilidades de tener depresiones, si se dan ciertas circunstancias del entorno, nuestra conducta no está determinada indefectiblemente por nuestra condición genética, ya que las circunstancias también determinan nuestro comportamiento.

El reduccionismo descompone un problema en partes más pequeñas explicando todo empezando por sus partes, por ejemplo la genética, si hay un gen que explica el color de  nuestros ojos debe haber otro que explique por qué somos violentos. Según esto los seres humanos seríamos poco más que máquinas guiados por nuestro genoma, afortunadamente esto quedó desacreditado por la observación del entorno que influye en nuestra comportamiento. “Yo soy yo y mis circunstancias” vuelve a estar de actualidad, nuestra mente, con sólo pensar, puede influir en nuestro cuerpo, por eso estamos despiertos cuando estamos nerviosos y bajan nuestras defensas contestamos deprimidos. El estado de nuestro cuerpo puede determinar cómo nos sentimos o como nos comportamos, estos días críticos antes de la regla es un ejemplo, también el lugar donde vivimos y dónde y cómo crecemos influyen en nuestro comportamiento, qué imagen tenemos de nosotros mismos o qué aportamos en nuestra vida. La cultura está determinada por el lugar donde se ha gestado, como ejemplo el contraste entre el carácter mediterráneo y el nórdico, los seres humanos somos un puzzle muy complejo en el que el sistema global no se puede deducir de sus componentes, por muy bien que lo conozcamos.

La genética, nuestro entorno y nuestro cuerpo influye en nuestro comportamiento. Si alguien tiene una variante de un gen 5HTT, tendrá más riesgo que otros de padecer depresiones. Para que este gen conduzca a la depresión hace falta un entorno concreto, sino no pasa nada. La depresión es un trastorno bioquímico, algo que no funciona en la química cerebral, la serotonina influye en todo esto, un neurotransmisor que se encuentra en el centro sobre la la depresión, ese es un gen que guarda relación con la depresión.

Si tienes el gen equivocado, podrás padecer una depresión, pero los genes no determinan, salvo en ciertos entornos. Si tienes la versión incorrecta de este gen y estar expuesto a un entorno estresante, no es el gen de la depresión sino que es más vulnerable a hacer  aparecer una enfermedad depresiva en entornos estresantes. Los genes no crean comportamientos. Los genes explican los potenciales y posibilidades pero no el destino, salvo alguna enfermedad.

El poder de la imaginación, basta con imaginar una situación que nos puede poner enfermos. Algo devastador en mi cerebro. Podemos influir en el funcionamiento de nuestro cuerpo mediante el comportamiento; la memoria, las emociones, son capacidades y estados mentales que conciernen al modo en que nuestro cuerpo sobrelleva la diabetes, la cardiopatía, etc. El pensamiento y las emociones tienen la capacidad de cambiar el modo en que nuestro cuerpo responde  o determina la forma de estar enfermo. En una situación de emergencia el cuerpo segrega hormonas de estrés que aportan energía al torrente sanguíneo para que los músculos funcionen mejor, aumenta el ritmo cardíaco, aumenta la tensión arterial, se cancelan los proyectos de construcción a largo plazo, se paralice el crecimiento, la digestión, la reproducción, la actividad sexual. Activamos una respuesta de estrés y si lo hacemos de forma crónica nos hará enfermar. 

El hipocampo, una región del cerebro, en una situación estresante puede perder hasta un 20 ó 30% de su tamaño, simplemente por un pensamiento negativo. El  estrés puede tener un efecto sobre la tensión arterial y el cerebro, con mayor estrés menor memoria, el estrés mata neuronas de una parte del cerebro llamada hipocampo, que tiene que ver con el aprendizaje y la memoria, sufre daños también en la enfermedad de Alzheimer, esa zona queda dañada por las hormonas del estrés, las personas con una depresión clínica grave prolongada en el tiempo tienen hormonas de estrés en un nivel muy elevado, con una disminución del hipocampo, con los problemas de memoria que ello conlleva, a mayor tiempo de depresión mayor disfunción, esto sugiere que el estrés tiene que ver con el funcionamiento del cuerpo y con el envejecimiento del cerebro.

La dopamina tiene que ver con el placer, cuando recibes una recompensa sube la dopamina, más exactamente con la anticipación de la recompensa, el estímulo hace subir la dopamina.

“Una relación estable es el precio que hay que pagar por haberla deseado tanto”. Esta es una situación parecida a la acción de la dopamina. La rata al presionar una palanca obtiene una recompensa en un experimento, pero cuando consigue la recompensa sólo un 50% de las veces se introduce cierta incertidumbre y justo después de darle a la palanca hay un aumento de dopamina que nunca se había visto en la química cerebral, justo antes de saber de saber si va a conseguir la comida, cuando se incorpora el valor de la incertidumbre, el quizás, es cuando más se incrementa la dopamina. Para que esto funcione debe darse una probabilidad del 50%, si se da un 25 o 75% no se eleva tanto la dopamina. Es mera anticipación. Si sientes que no tienes control te sientes muy estresado, pero bajo ciertos porcentajes de probabilidad te  sienta muy bien, te sientes optimista, es un entorno benévolo, ya que sientes que probablemente salga bien, y sino esta vez, será la próxima. Esto ayuda a entender la adicción y el juego, en un casino existe un 1% de posibilidades de obtener una recompensa, pero hay una manipulación del entorno para que pienses que las posibilidades son mucho mayores, es un entorno malévolo que te hace creer que es benévolo, para que tu cerebro nade en dopamina.

El fracaso en una pareja tiene mucho que ver con el nivel de depresión o ansiedad que tiene cada uno de los cónyuges, su nivel predice el nivel de satisfacción en el matrimonio. Una persona deprimida o ansiosa puede determinar los problemas de la pareja en el futuro.

El entorno determina nuestra conducta o bien nuestro carácter acaba determinando el entorno que nos merecemos. Hay genes con sus características que de una forma inflexible  configuran nuestro aspecto y comportamiento, no son los caracteres simples ya que forman parte de redes complejas, modulan nuestro comportamiento y hay que tener en cuenta los factores ambientales, la discusión en si es ambiental o genético a veces desaparece, son sus interacciones las que determinan.

Nuestra capacidad de representar la realidad, la imaginación como una falsa percepción puede producir una reacción emocional y un estrés, que es un mecanismo de adaptación que nos protege, un mecanismo que moviliza recursos para enfrentarnos de una forma adaptativa con la situación, esta movilización de recursos se puede producir en el ser humano en ausencia de peligros reales, el estímulo puede ser real o imaginario y puede cesar, en ausencia del estímulo pueden seguir existiendo los niveles de híper-activación durante mucho más tiempo, si  se mantiene el estrés, produce una serie de cambios hormonales que no sirven para afrontar un cambio necesario sino que se convierten en organismos patógenos, tóxicas para nuestro sistema nervioso. Cuando ha pasado el problema que nos generaba estrés debemos volver a la tranquilidad para evitar el deterioro cognitivo.

En las distintas situaciones que nos toca vivir se debe añadir la incertidumbre, la búsqueda de este placer se hace más intensa, eso explica muchas cosas en la vida de las parejas, que es más importante la ilusión que la situación final, eso exacerba el placer. Ante un resultado cierto estamos menos motivados que ante un resultado hipotético. La inteligencia es tomar decisiones con incertidumbre, no es algo determinista.

No hay proyecto que valga si no hay una emoción con la que se inicie, teóricamente somos seres racionales, pero al mismo tiempo la más emocional de todas las especies. La neurociencia cada vez valora más el asunto emocional, es un mecanismo adaptativo, nuestra mente está preparada mayormente para descubrir un mentiroso antes que para describir objetivamente la realidad. Nuestra percepción del mundo es subjetiva, se restringe al campo de nuestra percepción pero percibimos antes los estímulos afectivos que otro tipo de estímulos, puede ser porque implican amenazas, miedo, alegría, etc.

Al morir desaparece la posibilidad de imaginar, de elucubrar acerca del yo. La teoría de la mente, pensar lo que puede estar pensando otra mente es una característica sorprendente del ser humano, eso facilita la empatía, esa cualidad humana de las recién halladas neuronas espejo, que incluso nos hacen reír, llorar o ponernos tristes  cuando vemos a gente que lo hace.

La Imaginación, ¿Al Poder O A La Depresión? (Capítulo REDES 372)











Los sueños

El mecanismo que rige los sueños es más sofisticado que el mecanismo del pensamiento consciente
 Soñar es superar los esquemas del espacio y del tiempo
 No hay todavía consenso sobre si los sueños son importantes para la vida cotidiana pero lo que está claro es que gracias a los sueños muchos han hecho grandes descubrimientos.
 Los sueños parecen surgir de la oscuridad
 Gracias a los sueños fue descubierto el anillo del benceno, elementos de la tabla periódica, los sueños abren un espacio a la creatividad promoviendo el juego y la innovación, con los sueños puedes entrar en un mundo irreal, brindan la oportunidad de probar cosas imposibles
  Los sueños no se incorporan a un mundo de creatividad, parece ser que también organizan los recuerdos
Los sueños hacen una poda neuronal, con ellos eliminamos lo que no nos vale dejando sitio en las neuronas para nuevos aprendizajes
Los sueños son espacios creativos, mundos surrealistas, donde la imaginación sobrepasa la barrera y no tiene límites, con los sueños nos libramos de la lógica y anulamos la parte racional del cerebro
Con los sueños el ritmo metabólico y energético del cerebro disminuyen y cuándo aparece la fase del movimiento ocular rápido la reflexión y el análisis desaparece, se desactivan  pero sin embargo se activa la parte emocional.

Los sueños son únicos en cuanto mantenemos la imaginación y la sensibilidad aunque perdamos la lógica al desactivarse el córtex prefrontal.
El caso de un hombre que sufrió una apoplejía y al despertar tras pasar un tiempo en coma no paraba de hacer versos y poesías, al llegar a casa se puso a pintar y hacer esculturas, incluso una mesa con en una escultura,  lleno la casa de  murales.  Había una parte de su cerebro que había muerto, la parte inhibidora pero a Floro con más potencial aparte excitadora, de esta forma perdió las inhibiciones y se dedicaba a hacer arte

 Hay una parte del cerebro que permite centrarnos en algo, el, absorbía todo lo que llegaba del exterior, como los creativos que se detienen los detalles más relevantes pudiendo acceder a muchas ideas distintas del mundo que les rodea.
 Einstein tenía anomalías estructurales en el lóbulo izquierdo del cerebro, hay estructuras en el cerebro que hacen que una persona sea más creativa que otra



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